Camino

camino

CAMINO de Carlos Pomar Benedí 

(Relato ganador del Concurso de Relatos Cortos “Tomás Seral y Casas” en la categoría Mejor relato de la localidad)

El reflejo del sol en el asfalto le deslumbró y le hizo pensar en aquellos días, tan lejanos ya, en los que jugaba con su hermano Hadi.

—¡Ay, Azim! ¡Un cangrejo!

—¡Ya voy, hermanito! ¡Atrás, no ataques a un niño indefenso! ¡Toma! —La fuerza del golpe con aquel palo le hizo resbalar y caer de bruces sobre la arena húmeda.

—¡Azim!, ¿estás bien? ¡Me has salvado! —Aquel abrazo en la playa quizá fue el último antes de lanzarse al mar triste y esperanzado.

No fue fácil, pero cuando sabes lo que quieres solo tienes que seguir el camino.

Un muro gris le hizo despertarse de sus recuerdos. Este país era tan distinto…

Estaba nervioso. Cansado. Aquel enfrentamiento sería difícil. Quizás el más difícil. Sin darse cuenta entró en aquella sala de techo tan alto que no pudo evitar elevar la vista y quedarse unos segundos perdido en el centro de aquella sala, absorto en un silencio que le hizo tambalearse. Un callejón sin salida. De pronto se dio cuenta de que estaba rodeado de gente, de ruido, y respiró hondo, tanto que no pudo evitar toser.

Se sentó en una de esas sillas de plástico mirando aquel papel. 154. La pantalla luminosa decía 33. Su mirada se perdió de nuevo entre los números y se vio en aquella biblioteca donde había entrado en busca de algo de calor, en su primer invierno lejos de casa. Los inviernos eran duros, pero había aprendido a pensar que el sol ganaba unos segundos cada día, y sonreía ante su buena suerte. Su mirada sonriente se cruzó con la de un hombre, sentado, con un libro a medio leer.

—¿Conoces este libro? —Le enseñó una imagen de un viejo caído en la playa, con una espada en la mano y la cara sucia de arena. —Léelo si quieres aprender cómo es este país.

Aquella biblioteca se convirtió en su refugio de invierno. Leía despacio, no era fácil. Cada vez que levantaba la cabeza reconocía a alguno de aquellos personajes; se había convertido en un juego: aquel señor pequeño de barba cerrada, esa chica que desapareció tras la estantería y salió tan distinta, como si los libros que fue hojeando le hubieran regalado su luz…

—Perdona, amigo, ¿dónde dan el número?

—En esa máquina.

—Gracias.

153.

Se incorporó, sintió un vacío en el estómago. El papel de su mano temblaba.

154.

Se dirigió hacia esa puerta. Contuvo la respiración hasta que atravesó el umbral. El hombre que le esperaba sonrió. Era extraño, había imaginado un enemigo más terrible. Enseguida vio aquella figura de metal en la mesa, encima de sus papeles. Parecía una luna, brillante por el reflejo de la luz blanca de la lámpara.

—Esta entrevista es importante. Necesitamos saber si está listo para vivir en nuestro país. Sabe que si el resultado es negativo deberá volver a su casa, y que esta decisión es definitiva.

—Lo sé.

Levantó aquella luna y le enseñó unos papeles. Eran fotos.

_______________________________________________________________

En el avión de vuelta, con tantos otros como él, se acordó de aquellas fotos, difuminadas por la imagen borrosa de su hermano que ya tendría quince años. Él tampoco habría sabido que aquel hombre alto y con barba no era don Quijote sino un jugador de baloncesto, y que la princesa del pueblo tampoco se llamaba Dulcinea.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s